ACEITE ARÍNZANO

17,50

El Aceite de Oliva Virgen Extra Arínzano, de variedad 100% Arbequina, tiene un sabor agradablemente suave y elegante al inicio, que terminará en un delicado picante final, ligeramente almendrado, con toques de manzana verde y un aroma fresco y verde de la aceituna en su punto óptimo de maduración.

Ficha de cata

Categoría:

Las especiales condiciones edafoclimáticas del área de producción (suelos calizos, clima seco y soleado y fuertes oscilaciones térmicas entre el día y la noche en el periodo de maduración); y la necesidad de recolectar pronto para evitar el periodo de heladas, determinan el bajo grado de madurez con el que se recoge la aceituna. Todo esto hace que el aceite de Navarra tenga un sabor y unas características únicas que lo diferencian de otras variedades de la península.

 

Junto a la variedad de Arróniz, el aceite de Navarra también incluye las variedades Empeltre y Arbequina que aportan los aromas afrutados de la almendra y la manzana tan agradables en boca y ese tono amarillo intenso tan característico.

 

La extracción se realiza exclusivamente por procedimientos mecánicos o por otros procedimientos físicos que no produzcan alteración del aceite, conservando el sabor, aroma y características del fruto del que procede. El aceite de navarra virgen extra se caracteriza por un frutado de medio a intenso y un amargor característico, menos dulce que los producidos en latitudes más al sur de España.

Información adicional

Peso 1.5 kg
Historia

El Aceite de Navarra es el aceite que se elabora más al norte de España y de Europa. Un producto con dos mil años de historia, que ya desde la época de los romanos formaba parte de nuestra dieta y nuestra cocina.

El origen y la historia en base a los restos arqueológicos encontrados en Navarra, se remontan a más de 2.000 años de antigüedad. Tras el contacto con los pueblos que llegaron a la península, se introdujo el cultivo de olivos y aceituna para fabricar el preciado alimento. Se dice que fueron los púnicos, griegos y fenicios quienes introdujeron el cultivo del olivo en la Península Ibérica hacia el siglo IV a. C. Fenicios y romanos lo popularizaron, aprovechando las posibilidades del clima navarro.

Los romanos lo utilizaban tanto para alimento como para alumbrado, calefacción y cuidado corporal en las termas. Y los árabes perfeccionaron los procesos de producción, incluyendo el uso de la almazara y extendieron y depuraron las técnicas del cultivo del olivo por las tierras Ibéricas. Desde aquel entonces este sistema de obtención del aceite no ha variado mucho.