HERENCIA


El Señorío de Arínzano ha sido reconocido por la excelencia de sus viñedos desde el siglo XI, cuando el señor Sancho Fortuñones de Arínzano elaboró por primera vez vinos en la propiedad.

En el siglo XVI, el palacio pertenecía a Mosén Lope de Eulate, que se titulaba señor de Arínzano y era consejero del rey Juan de Labrit. En el siglo XVIII, la propiedad había pasado a manos del Marqués de Zabalegui, que ordenó la construcción de la actual casona donde pudiera disfrutar de la belleza natural de la propiedad.

A principios del siglo XIX, se edificó la pequeña iglesia dedicada a San Martín de Tours. Se trata de una de las escasas construcciones religiosas de Navarra de estilo neoclásico. La propiedad cayó en desuso al mismo tiempo que se implantaba en toda España el sistema liberal.










EL RENACER


Propiedad de Arínzano fue redescubierta en 1988. Aunque habían pasado casi dos siglos desde que las viñas hubieran adornado las suaves pendientes del valle, cuidadosos análisis científicos de los climas y suelos confirmaron lo que siglos de nobles habían aprendido de la experiencia:

La finca de Arínzano tenía un microclima singular perfectamente adecuado para la producción de vinos de la máxima calidad. Cada variedad de uva fue plantada cuidadosamente en las parcelas idóneas para su cultivo y la bodega construída, proyectada como un arco que encierra y abraza los tres edificios históricos que rendían homenaje a la elaboración del vino en siglos pasados.

A principios del siglo XXI, Sus Majestades los Reyes de España inauguraron la Bodega, y celebraron el renacimiento de una noble tradición de más de mil años de antigüedad.









ARQUITECTURA


La bodega de Arínzano fue diseñada por el arquitecto Rafael Moneo, ganador del prestigioso premio Pritzker cuyas obras incluyen la ampliación del Museo del Prado, la Catedral de Los Ángeles, y el Museo de Arte Moderno de Estocolmo.

La bodega plasma la filosofía de la propiedad, está integrada en el paisaje como un nuevo elemento natural y construida con materiales respetuosos con el medio ambiente. El interior combina la tecnología más moderna con un tratamiento artesanal. Las uvas siguen un flujo orgánico a lo largo de la bodega que garantiza un tratamiento delicado y un control preciso a través de todo el proceso de elaboración del vino.





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